
Murakami (Kioto, 1949) tiene un ritmo particular y subyugante. Su peculiar manera de enlazar las palabras mantiene en todo momento la atención en el aspecto formal de cada frase. Se expresa de forma breve e incisiva, y sin embargo es terriblemente descriptivo y lírico. Es un placer leer algo tan hermosamente enunciado. Poco a poco, sin perder por un instante la conciencia de las palabras, y gracias a la magnífica evocación de ambientes y situaciones, con referencias constantes y envolventes a los sonidos (y silencios) y a la música, la historia adquiere interés por sí misma; porque también la historia es hipnótica y bella. Leer el resto de esta entrada »



